23 de febrero de 2010

Relato: Una página en blanco

Una página en blanco. Era cuanto recordaba de una vida que ahora se me antojaba extraña e impropia, como una novela inconclusa de amor y odio con tintes dramáticos. No había sido capaz de leer el final. Ahora poco importaba, pues en mi imaginación, ya había hallado uno: aquel que siempre nos encuentra a todos.
Pero yo era diferente. Yo había mirado cara a cara a la desesperación y la había retado a un silencioso duelo de angustia y pesar… tonta de mí; era una batalla que jamás podría ganar. Aquella que me miraba impertérrita desde el reflejo del espejo era yo misma. ¿Por qué no me habría percatado antes? Los años de soledad habían borrado de mi mente hasta mi propia imagen. ¿Acaso había perdido la cordura? Claro que estaba loca, qué sentido tendría si no todo aquello. Tanta maldad solo podía provenir de una mente perversa como la mía que no distinguía las pesadillas de lo real. Aquel infierno era un mero sueño del que no podía despertar. Un sueño… Un final.
Él siempre me lo recordaba: era un castigo que yo merecía. No valía nada. Cada golpe que encajaba era una puñalada al alma, pero aquello no me aliviaba. Yo era mala. Algo inútil y torpe que había que ahorrar al mundo. Y él lo sabía: por eso me pegaba…
El dolor me apelmazó el pecho mientras la vista se me nublaba. Ya no me quedaban lágrimas, pero la sangre se derramaba. Al final lo había comprendido y no me había quedado sentada. Yo fui valiente. ¡Tantas y tantas mujeres desesperadas! era todo tan fácil… con un cuchillo bastaba. Un momento de ira y todo se acababa: un ser despreciable menos en el mundo no importaba.
Mis muñecas se desangraban mientras yo me apagaba: perdóname amor mío por no haber sido NADA.

cHeMa