13 de noviembre de 2010

Relato: A mi yo pasado...

¿Te cuento un secreto? No siempre fue así, hubo un tiempo en el que todo cambió… y honestamente, no creo que pudiera ocurrirnos nada peor. Cuando veo nuestra vida en perspectiva a veces sigue siendo difícil discernir qué fue lo que falló. Las emociones se diluyen en un torrente de confusión interior y excepto algunos abismos de añoranza e ilusión todo se me antoja frío rencor. ¿Qué nos separó? Todo era perfecto hasta que la oscuridad nos tragó. Nuestros sentimientos no pudieron con la razón, nuestras vidas se separaron por un distanciamiento menor y el sentido que todo tenía se perdió. Poco sobrevivió entonces y nada me ata ya al pasado, mas sigo pensando que crecimos en aquellos ratos. Si el tiempo algo me ha enseñado es que somos la suma de todo aquello que nos ha llenado y un buen porcentaje ha sido a su lado. Te cedo mi experiencia desde un futuro muy lejano, para que no permitas nunca que se aleje de tu mano, pues personas como ella no las hay en mis cien años y amistad como aquella aún no la he encontrado.

cHeMa

23 de febrero de 2010

Relato: Una página en blanco

Una página en blanco. Era cuanto recordaba de una vida que ahora se me antojaba extraña e impropia, como una novela inconclusa de amor y odio con tintes dramáticos. No había sido capaz de leer el final. Ahora poco importaba, pues en mi imaginación, ya había hallado uno: aquel que siempre nos encuentra a todos.
Pero yo era diferente. Yo había mirado cara a cara a la desesperación y la había retado a un silencioso duelo de angustia y pesar… tonta de mí; era una batalla que jamás podría ganar. Aquella que me miraba impertérrita desde el reflejo del espejo era yo misma. ¿Por qué no me habría percatado antes? Los años de soledad habían borrado de mi mente hasta mi propia imagen. ¿Acaso había perdido la cordura? Claro que estaba loca, qué sentido tendría si no todo aquello. Tanta maldad solo podía provenir de una mente perversa como la mía que no distinguía las pesadillas de lo real. Aquel infierno era un mero sueño del que no podía despertar. Un sueño… Un final.
Él siempre me lo recordaba: era un castigo que yo merecía. No valía nada. Cada golpe que encajaba era una puñalada al alma, pero aquello no me aliviaba. Yo era mala. Algo inútil y torpe que había que ahorrar al mundo. Y él lo sabía: por eso me pegaba…
El dolor me apelmazó el pecho mientras la vista se me nublaba. Ya no me quedaban lágrimas, pero la sangre se derramaba. Al final lo había comprendido y no me había quedado sentada. Yo fui valiente. ¡Tantas y tantas mujeres desesperadas! era todo tan fácil… con un cuchillo bastaba. Un momento de ira y todo se acababa: un ser despreciable menos en el mundo no importaba.
Mis muñecas se desangraban mientras yo me apagaba: perdóname amor mío por no haber sido NADA.

cHeMa