14 de noviembre de 2007

Corrupción y sobornos

Si ayer ya escribía la palabra vergonzoso en al menos tres ocasiones, hoy la tendría que repetir otras tantas; pero por suerte, no por más repetir algo es más cierto, así que trataré de no usar más esa palabra que define tan bien lo que algunos funcionarios parecen haber hecho.
Utilizar unos poderes que la sociedad te ha confiado para obtener beneficios personales perjudicando además gravemente los principios del funcionamiento de la legalidad no es pecata minuta. Curiosamente la mayoría de los implicados no se atreverían jamás a robar un banco; sin embargo, seguramente son conscientes del daño que provocan a todo el sistema y a los ciudadanos al aceptar sobornos y sabrán que técnicamente no hay mucha diferencia entre estos dos crímenes. No obstante, el dinero fácil debe acallar sus conciencias, o tal vez sea la sensación de impunidad que se esconde tras una simple firma; pero el delito es grave.
Mención aparte tienen los que tratan de tentar a los funcionarios con dinero, una pequeña inversión que les aporta incalculables beneficios de forma rápida y con un riesgo mínimo. Hay que hacer algo para solucionar estos problemas que, creíamos, eran únicamente de países tercermundistas, pero que sufrimos muy de cerca.

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